miércoles 2 de diciembre de 2009

Renta agraria y fuga de capitales

Roberto Hilson Foot



A más de un año del fuerte conflicto social y lucha de clases en torno a la Resolución 125, dirimido con el voto “no positivo” del vicepresidente de la nación, quién favoreció los deseos sectoriales de la Mesa de Enlace, representante de los intereses más concentrados de la oligarquía pampeana, en detrimento de la postura del gobierno nacional favorable a una mayor disponibilidad de recursos para posibilitar por medio del gasto público una mejora en la distribución del ingreso, parece conveniente reconsiderar algunas de las consecuencias y corolarios de ese conflicto y su desenlace.


Toda la ciudadanía asistió al festejo alborozado de los exultantes líderes oligárquicos y sus subalternos, en medio de la aclamación de los sectores más adinerados de la sociedad Argentina, ante el resultado de la votación en la Honorable Cámara de Senadores de la Nación favorable a sus intereses, en virtud de la cual los fondos que podrían haber sido recaudados por el gobierno nacional por medio de las retenciones fueron en realidad conservados por los terratenientes. Parece por tanto conveniente luego de algo más de un año analizar como utilizaron ese excedente los sectores oligárquicos, considerar que hicieron con esa renta que el estado no logró recaudar.


Un primer uso posible de la renta adicional conservada por los terratenientes podría haber sido destinada a inversiones de capital comprando por ejemplo una mayor cantidad de tractores o cosechadoras como forma de uso pretendidamente más productiva que el gasto público. Absolutamente todos los números de ventas de maquinaria agrícola e incluso de las famosas camionetas 4x4 indican una contracción en la demanda a lo largo de 2008 y primer semestre de 2009. En el invierno del 2009 la Cámara de Comercio de Pigüe por ejemplo, informaba de una retracción del 85% con respecto al año anterior en la venta de maquinarias y repuestos en el trimestre Abril-Julio de 2009. Las ventas de maquinaria agrícola de acuerdo a lo informado por el INDEC, alcanzaron en el tercer trimestre del 2009 los 694.900.000 de pesos, con una caída del 30,1% con respecto al 2008, no puede decirse por lo tanto que la industria automotriz o de producción de maquinarias agrícolas fueran beneficiadas por el destino de esos fondos.


Un uso alternativo habría sido inversiones en construcciones tanto rurales como urbanas a fin de aumentar o mejorar la infraestructura edilicia. Un cálculo conservador de localidades relevadas personalmente por el autor a lo largo de la Ruta 33 al oeste de la provincia de Buenos Aires incluyendo Trenque Lauquen y General Villegas y también en el sur de la provincia de Santa Fe en el mes de Julio de 2009, indicaba caídas de 35 a 40 % sobre las inversiones del 2007 en las construcciones rurales, con contracciones muy variables en las zonas urbanas pero en todos los casos superiores al 20%, lo cual implicó un perjuicio para los obreros y empresarios de la construcción pues el dinero que no recaudo el estado no se volcó a mayor gasto, en este rubro.


Otro posible uso de los fondos adicionales, podría haber sido en función de una propensión marginal a consumir, destinados a comprar una mayor cantidad de bienes durables y no durables de consumo en los pequeños pueblos del interior. En el mes de Julio de 2009 la Asociación de Comercio e Industria de Coronel Dorrego informaba acerca del cierre de muchos locales comerciales siendo de los más afectados la localidad de Oriente en el sur de la provincia de Buenos Aires, con el cierre de más del 50% de los comercios. Los fondos que no fueron a las arcas públicas no se volcaron a la demanda agregada de bienes ofrecidos por circuitos comerciales locales, con una propensión marginal a consumir por parte de los terratenientes que fue no solo de cero sino incluso negativa pues se redujeron en valores netos. Ha sido grande el desencanto de muchos de los pequeños y medianos comerciantes de las zonas rurales de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba pues no obtuvieron los beneficios que esperaban conseguir a la hora de apoyar la protesta de la Mesa de Enlace en el 2008. Si esos mismos fondos se hubieran utilizado para aumentos de sueldos de empleados municipales, provinciales y nacionales con por ejemplo mayor presupuesto educativo, el beneficio para ese sector terciario habría sido mucho mayor, pues son sectores con mayor propensión marginal a consumir.


Otro posible uso de los fondos adicionales que retuvieron los terratenientes, podría haber sido destinado al factor trabajo. La AFIP informaba a mediados del año 2009 que el sector rural es uno de los sectores productivos con mayor nivel de irregularidades con el 69% de los empleados del sector agrícola-ganadero en la informalidad. Los aumentos de sueldos no se apartan de las medias nacionales y solo se han logrado luego de arduas negociaciones, con fuerte compromiso y apoyo del gobierno nacional ante patronales renuentes a conceder beneficios a los peones rurales. No podemos sostener que los recursos adicionales obtenidos por los terratenientes beneficiaron los ingresos de los peones rurales. La AFIP había estimado en el mes de Agosto del 2009 que sobre un total de 1.376.000 trabajadores del sector rural algo más de 900.000 cumplen su tarea en plena informalidad.


Si los recursos no se volcaron en beneficio adicional de los trabajadores, podría pensarse en un aumento en el uso de algunos insumos. Sin embargo mientras se utilizaron 3.700.000 toneladas de fertilizantes en la campaña 2007-2008 en el presente año es probable que el uso sea inferior a los 2.000.000 de toneladas. Estarían reponiendo menos del 50% de los nutrientes que están usando en estas últimas campañas, deteriorando la fertilidad del suelo y comprometiendo la sustentabilidad.


Ante la evidencia de que los fondos conservados por los productores rurales y no pagados al estado en concepto de retenciones, no fueron utilizados ni en un aumento de compra de bienes de capital, ni en más construcciones, ni en un aumento de demanda de bienes y servicios en los circuitos locales, ni en mejoras significativas de los ingresos de los peones rurales o en mayores compras de insumos para el agro, parece necesario preguntarse acera del destino de esos fondos en manos de los terratenientes.


Si se analiza la evolución de la balanza de pagos a lo largo del 2008 y 2009 acaso podamos responder tentativamente a la pregunta. El INDEC informó que en el segundo trimestre del 2009 la fuga de divisas llegó a 4.279.000.000 US dólares. La acumulación de activos externos por parte del sector privado fue de 7555 millones de dólares en el primer semestre. Solo se logró revertir esta tendencia a partir de Septiembre-Octubre con un ligero ingreso neto de capital por 400.000.000 de dólares. La salida de capitales había descendido regularmente entre el tercer trimestre del 2007 y el primer trimestre del 2008, pero a partir del conflicto con la mesa de enlace se mantuvo por encima de los 4 a 5.000 millones de dólares por trimestre. Si pensamos una posible alternativa como depósitos en el sistema bancario nacional veremos que desde el conflicto con la Mesa de Enlace se han mantenido en torno a los 130 y 145 millones de pesos por mes por lo que no puede afirmarse que ese capital adicional fuera al sistema bancario local. En cambio los activos financieros de los argentinos en el exterior sí han aumentado desde una cifra cercana a los 110.000 millones en 2007 a cerca de 130.000 millones en el presente año, parece probable que una parte de ellos provengan de los terratenientes.



Historia e identidad


Estos montos multimillonarios y altas tasas de ganancias permiten reabrir la discusión en torno a la supuesta continuidad de los actores sociales entre aquellos que en 1912 protagonizaron el “Grito de Alcorta” y los actuales representantes de la Federación Agraria. Recordemos que a principios del siglo XX el costo de los arriendos podía rondar el 50%, llegando en el caso por ejemplo de Firmat en el sur de Santa Fe a ser del 54% hacia el centenario. En 1911 la cosecha en la pampa húmeda fue muy pobre y las quejas de los arrendatarios se incrementaron junto con sus deudas. En el almacén de ramos generales de Ángel Bujarrabal, en Alcorta con el liderazgo entre otros de Pedro Dieguez y Francisco Bulzani y la orientación y representación legal del abogado Francisco Netri, en medio de una creciente intolerancia de la oligarquía terratenientes y la consiguiente represión policial, creció el convencimiento en la necesidad de que una acción política coordinada era la única opción ante el hecho incontrastable de que las buenas cosechas de 1912 no lograban cubrir los endeudamientos de años anteriores. En Junio de 1912 en el local de la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos e Instrucción y con el apoyo de los comerciantes locales se decreta la huelga general agrícola conocida como el “Grito de Alcorta”. A partir de esta lucha contra la oligarquía terrateniente nace la Federación Agraria Argentina. Evidentemente los dirigentes actuales de la Federación han modificado radicalmente sus visiones políticas y económicas pues en estos años han liderado una violenta y desestabilizadora lucha contra un gobierno democrático que pretendió hacer uso de sus facultades en materia aduanera. Acaso pueda entenderse estos cambios ideológicos en función de los procesos de modernización y tecnificación asociados al desarrollo y valorización de los “commodities” desde la década del 90. En el año 2008 el precio de la hectárea en el núcleo sojero a lo largo de la Ruta 8 por ejemplo iba de 8.000 a 10.000 dólares, por lo que un propietario de 400 o 500 hectáreas era ahora dueño de un patrimonio neto de más de 4.000.000 de dólares, muy lejos del legado histórico de la defensa de los pequeños campesinos arrendatarios. Es por tanto entendible la creciente diferencia entre la actual conducción de la FAA y los movimientos campesinos como MOCASE y el MOCAFOR. La expulsión del MCL “Movimiento Campesino Liberación”, del consejo directivo de la FAA es otro indicio de la mutación del rol de la Federación Agraria al defender ahora los intereses de los grandes terratenientes identificándose con la SRA.


La imposibilidad del gobierno de imponer el aumento a las retenciones por medio de la 125, llevó a una mayor renta para el sector terrateniente que utilizó ese adicional de forma pro-cíclica, con una propensión marginal a consumir negativa y contribuyendo muy probablemente a la fuga de capitales. Esos fondos en manos del estado habrían podido ser utilizados en jubilaciones y pensiones, en ciencia y técnica, educación o inversiones en infraestructura potenciando inversiones y consumo en un contexto internacional contractivo. En manos de los representados por la Mesa de Enlace esos capitales llevaron a menos consumo, menos gastos e inversión, con un atesoramiento pro-cíclico y fuga de capitales, todas opciones perjudiciales para el bienestar del pueblo argentino.

Recordemos adicionalmente que está pendiente la discusión en torno a las externalidades resultantes de la sojización, los procesos de desmonte y deforestación por expansión de la frontera agropecuaria con perdida de biodiversidad, deterioro en la fertilidad del suelo, contaminación de aguas superficiales y napas freáticas por el uso de agroquímicos, además de enfermedades asociadas a un mayor uso de pesticidas, son algunas de las consecuencias no abordadas en el cálculo de los costos privados. A.C.Pigou (1877-1959) detectó la falla en el mercado, cuando el costo social de una producción no era cubierto por el costo privado, lo cual implicaba una descarga de parte de esos costos en la sociedad.

La oligarquía terrateniente se ha mostrado violenta e intolerante a la hora de defender su renta, pero sin querer asumir el costo de las externalidades que genera ni reconociendo el origen cambiario y de las políticas estatales de parte de esa renta, pero además con un uso de los fondos adicionales retenidos que perjudicaron el nivel de demanda y de inversión, generando inflación y fugando capitales, en medio de unas de la peores crisis del capitalismo mundial.

viernes 17 de julio de 2009

Fines y Medios

por Roberto Hilson Foot

Robert Ingersoll (1833-1899), un librepensador norteamericano partidario del agnosticismo y defensor de la estricta separación entre iglesia y estado, quién luchó en la guerra civil en favor de la liberación de los esclavos, dijo alguna vez : “el mayor desafío para el coraje en esta tierra, es soportar la derrota sin desalentarse”. Luego de los resultados de la última elección estamos justamente ante ese reto, necesitamos reflexionar, debatir, llevar adelante una autocrítica que nos permita reencontrar el camino de las mayorías. Acaso podamos plantear la necesidad de encarar una larga etapa de lo que E. Husserl (1859-1938) llamaba “epojé”. Necesitamos calmarnos y lograr correlacionar la actividad de la conciencia con la de su objeto, reconocer y describir esa vida de la conciencia que es el fenómeno, para ver las cosas iluminadas por nuestro pensar, para intentar recobrar una claridad originaria. El desafío es evitar reacciones que no hagan más que reafirmar en el resto de la sociedad la convicción de que el gobierno es parte del problema y no de la solución, como había logrado ser hasta la dura derrota que sufrimos frente a la oligarquía agro-exportadora y sus aliados en el 2008. Un trabajo de reflexión continuado donde nuestros principales dirigentes puedan por medio del diálogo con los sectores populares volver a generar una agenda y unos objetivos capaces de consolidar los logros de estos últimos años, intentando expandir las bases sociales y políticas. No lo hicimos en el 2008, es imperativo que lo hagamos ahora.

Setentismo

Reiteradamente se ha acusado a este gobierno de setentista. Debo decir que esta “imputación” a mi entender, en un sentido lo enaltece, pues lo identifica como canta Daniel Viglietti con una generación en la cual todos eran culpables…culpables de querer terminar con la injusticia social, culpables de comprometerse, militar y hasta brindar sus vidas en pos de un país más soberano y un pueblo más libre. Sin embargo hay por lo menos dos sentidos en que me preocupa el ser motejado de setentista, pues los setentas son también la dictadura más sangrienta que ha sufrido nuestro país, y los setentas son también el ciclo, en el que a la esperanza siguió el desencuentro y al optimismo la tragedia, y esta denotación del término es la que me asusta. Cuando las vanguardias se desacoplaron de las mayorías, el destino fue el fracaso y la muerte, pues una vanguardia que se desconecta del sentir y pensar del pueblo se transforma en una patrulla perdida. A.Gramsci (1891-1937) abogaba con razón por la necesidad de escuchar al pueblo, de atender a lo que piensan las bases, a estar con los oídos atentos a lo que viene de abajo y esto sobre todo en la actualidad en que no contamos con un “príncipe moderno”( difícilmente pueda pensarse en el Frente para la Victoria cumpliendo con ese rol).No hay tampoco un paradigma socio-económico fuerte alternativo al capitalismo sin dejar por ello de valorar y apoyar los esfuerzos de Hugo Chávez y Evo Morales en construir nuevos horizontes, y además venimos de graves derrotas históricas en las cuales claramente perdimos en la disputa por la hegemonía. El caudal electoral del Menemismo en los noventas o el conflicto con la oligarquía terrateniente quienes contaron con amplios apoyos de sectores de nuestra sociedad, fueron claras demostraciones de lo endeble de nuestras posiciones ante las formas degradadas y folklóricas de la ideología dominante.

Esta última elección muestra que el proyecto K ha quedado circunscripto a la clase obrera y a una parte sustancial de los sectores más pobres y aún excluidos de nuestra sociedad, lo cual indica algo tan alentador como que estos sectores avalan y reconocen los beneficios que obtuvieron entre el 2003 y el 2008 pero a la vez marca un límite a la conformación de un proyecto popular fuerte con proyección de futuro capaz de limitar a los factores de poder. Se ganó en provincias donde las gestiones locales fueron aprobadas por los ciudadanos (independiente de la opinión que tengamos de las mismas), como en el caso entre otros del 52,6% de Alperovich en Tucumán, el 55,6% de Das Neves en Chubut y los triunfos de Capitanich en Chaco con el 49,9% y Gioja con el 56,3% en San Juan o las victorias en Formosa y La Pampa entre otras. Se ganó también en provincias donde el Frente era oposición como en el caso de Tierra del Fuego con una abrumadora derrota del A.R.I. o en Río Negro con un triunfo del Justicialismo con el 32 % de los votos. Se ganó también en las intendencias del conurbano con mayor presencia obrera y de los sectores más carenciados como en La Matanza con el 43%, Ezeiza 49%, Florencio Varela 48% y Esteban Echeverría con el 41% de los votos, etc.

El grave problema es que para poder controlar y aún vencer a los enemigos de los intereses populares estos números son insuficientes. Es imperativo captar a las clases subalternas que a la luz de los resultados evidentemente hemos perdido. El problema no es por como votan las clases dominantes, el 17% que obtuvo el F.P.V. en San Isidro o el escaso 6 a 8% en el Pilar-Socorro-Belgrano-Nuñez son muy elocuentes, sino fundamentalmente por como votó mayoritariamente la clase media y media baja, el sector de los pequeños comerciantes, empleados, cuentapropistas, muchos jubilados y jóvenes con primer empleo y estudiantes universitarios. Además hay un grave retroceso en el apoyo de las poblaciones de los pequeños pueblos de tanto Córdoba como Santa Fe y Buenos Aires donde la prédica de las cuatro entidades sojeras ha logrado convencer a parte del electorado, al punto que el F.P.V. en la mayor parte de estas localidades resultó tercero en la sumatoria de votos.

Sabemos de las bondades del modelo, de los logros extraordinarios obtenidos en estos años en condiciones muy difíciles y adversas, de los problemas y complicaciones a partir de la derrota por la 125 y de cómo muchos indicadores económicos y sociales se deterioraron a partir de esa ofensiva de la oligarquía terrateniente, pero en función de poder preservar los progresos, y defender los intereses populares es imperativo plantear los errores y lo que debemos corregir. Lo que más preocupa no es el destino individual de cada uno de nosotros sino que los resultados de esta elección debilitan la posibilidad tanto de algunas fuerzas opositoras bien intencionadas como del oficialismo para defender al pueblo. No es posible pensar que en esta instancia electoral retrocedimos porque la S.R.A. o la C.R.A o la mesa de enlace, la iglesia o los multimedia o los acreedores y financistas internacionales, o parte de la U.I.A. o las petroleras nos derrotaron, ellos son sin duda la causa mediata y los propulsores determinantes de parte de la oposición, pero no olvidemos que casi el 65% de los argentinos votaron posiciones críticas al F.P.V. Es el pensamiento, el mensaje, la opinión de buena parte de esos electores las que debemos considerar si pretendemos ser una fuerza nacional, popular y transformadora, respetuosa de la soberanía popular.

Evidentemente retrocedimos entre otras razones por encontrarnos en uno de los peores contextos posibles para una elección, como el de la mayor recesión mundial desde 1929-1930 momento en que un líder de inmensa popularidad como H.Yrigoyen fue depuesto por un golpe de estado, una durísima crisis de precios y volúmenes en el comercio internacional, una de las peores sequías de las ultimas décadas, además de una pandemia mundial como la gripe A (H1N1). Retrocedimos además en un contexto de grave desmanejo de la información por empresas periodísticas claramente alineadas en la defensa de los intereses más concentrados. Pero los que fueron a votar el 28 de Junio son ciudadanos soberanos a los que debemos tratar con profundo respeto, intentando escuchar lo que reclaman, lo que critican y buscando la forma en que podamos volver a sumarlos a un proceso de transformación democrático. Ellos merecen una mirada respetuosa y legitimadora pues en política no vale saber o tener el convencimiento de que se tiene razón. La política no tiene que ver con las certezas subjetivas, solo las razones que se realizan son verdaderas pues son las que transforman la vida de las personas. No acuerdo con G.W.F.Hegel (1770-1831) quién afirmó en “Filosofía del Derecho”: “Lo que es racional es real; y lo que es real es racional”, sino que entiendo que las razones son políticas solo si se concretizan, solo si se realizan, de lo contrario son solo reclamos morales o meras expresiones de deseo. En política no hay fines sin medios.

La palabra, su degradación y la credibilidad.

Pensar en una reconstrucción de fortalezas políticas y renovar una disputa por la hegemonía que permita atenuar los efectos negativos de la actual correlación adversa de fuerzas, demanda el ejercicio intenso de la palabra, un trabajo decidido con los movimientos sociales y articulaciones con todas las fuerzas políticas que se comprometan en la defensa de intereses populares. Esto solo podrá conseguirse si logramos reconstruir la credibilidad del gobierno a los ojos de amplios sectores sociales lo cual remite sin duda al problema del INDEC, que de ser un problema financiero se convirtió con los años en un problema de credibilidad del discurso que termino afectando cada acto y palabra del gobierno. No desconocemos las terribles presiones de los acreedores financieros internacionales muy interesados en la tasa de inflación por tener bonos ajustados por medio de esta índice, ni ignoramos la diferencia estimadas en más de 9.000.000.000 U.S. dolares de ahorro para los contribuyentes nacionales en función de las disparidades en los cálculos, en condiciones históricas de insolvencia y recesión como las existentes a principios de la década, donde luego de cuarenta años de frustraciones este gobierno es el primero que logra disminuir la deuda externa. Sin embargo este proceso tiene claramente tres instancias en su impacto social en función de los aumentos de precios. Cuando comienzan a notarse algunos aumentos a partir del 2007 fue, sobre todo, un problema de las clases altas y medias urbanas, pues aumentaban los servicios como las cocheras y estacionamientos, las cuotas de colegios privados y universidades, las medicinas prepagas y los pequeños servicios urbanos como gimnasios, tintorerías y turismo. Todos estos rubros estaban socialmente circunscripto a esos sectores de ingresos altos y medios, los cuales comenzaron a cuestionar cada vez con más fuerza al I.P.C. utilizando la poderosa trama de medios de que disponen. A partir del 2008, a raíz del conflicto con la oligarquía terrateniente, la situación inflacionaria cambió drásticamente, pues empezó a afectar más fuertemente indumentaria, alimentos y vivienda, pero ahora con mayor impacto en los sectores populares, y de allí que el contraste entre las cifras oficiales y la percepción popular comenzara a profundizarse, pero ahora también incluyendo a los sectores obreros y marginales en el cuestionamiento al INDEC. La tercera etapa, en la cual estamos inmersos y que debemos revertir, es aquella en que la perdida de credibilidad en los índices comenzó a afectar todos los ámbitos y dichos del gobierno y todos los logros del ciclo K están permeados de sospecha. Esta recuperación de la palabra y de la credibilidad es imperativa para poder pensar un rearmado de fuerzas populares y democráticas, sólo las razones que se concretizan son políticas y en política no hay fines sin medios. No todo está perdido pero hay aspectos que deben cambiar, y ello debe surgir de un diálogo abierto, fluido y dinámico con los que apuestan por un país más justo, con memoria y dignidad.